Esperanza Iris, la actriz que posó para Sorolla



En este mundo de estrellas de Hollywood y el culto al cuerpo, de nada nos sirve comparar las antigüas anatomías con las modernas. Os aseguro que a finales del siglo XIX y principios del XX, un poco antes de las modelos anorexicas de los años 20, las damas lucían un canon completamente distinto al actual; por eso hay que mirar con otros ojos a la señorita que voy a presentar porque era un bombón, sí señor!, sí señora!, la damicela estaba como un queso… cosas de la vida… y de las modas.
Esperanza Iris
Que hablemos de esta diva es necesario, pues pasó por la magistral paleta de Joaquín Sorolla.
La actriz, que ya era muy famosa, quiso posar para el pintor, como se demuestra en la siguiente fotografía.

Así es el retrato que pintó Sorolla

Poco tiempo después Sorolla caerá enfermo por un ataque de apoplejía, cuando pintaba el retrato de la sra. de Pérez de Ayala.
María de los Ángeles Estrella del Carmen Bonfil y Ferrer, que se hacía llamar “Esperanza Iris”, nació en Villahermosa, Tabasco, en 1888. Debutó a los nueve años con una Compañía infantil de Austri y Palacios, en la obra Las Compras del Carreón; en dicha compañía duró cinco años. Después pasó al teatro Principal, donde se consagró con la obra La Cuarta Plana en 1902, haciendo vibrar los corazones de los señores de su época.
Fue la creadora de la opereta en América Latina.
También intervino en la revista Chin-Chun-Chan, cuyos autores fueron Medina y Jordá. Una revista que para la época era una expresión blasfema, muy lejos de la espléndida zarzuela, pero que tuvo un éxito extraordinario con más de 200 representaciones, no conocido hasta entonces por ninguna obra de autores mexicanos.
Posteriormente extendió su arte al ámbito internacional, triunfando en Cuba con La Viuda Alegre. La primera presentación habanera que tuvo fue el 24 de abril de 1903 con la zarzuela El Cabo. Trabajó un tiempo con la compañía del teatro Albisu en una temporada que se extendió a tres meses y medio, durante la cual cantó, entre otras zarzuelas, La bruja, El Dios grande y La caprichosa.
A partir de entonces despuntó la extraordinaria popularidad de la artista mexicana de uno a otro extremo de la isla caribeña, popularidad que en adelante la haría volver frecuentemente dos veces al año en temporadas que se prolongaban de tres a cuatro meses en Payret.

En ese contexto, no había nadie como ella para lucirse en otras operetas como La duquesa del Bal Tabarin, La princesa del dólar, El conde de Luxemburgo, El soldado de chocolate, La casta Susana, Eva y otras piezas del género que la consagraron, aparte de Cuba, en escenarios de otras naciones de América Latina y en España. Tan grande fue el amor de Esperanza Iris hacia Cuba que en la segunda década de la pasada centuria pensó construir un teatro en La Habana, exactamente en Prado y Trocadero, en el terreno donde desde hace años se alzó el hotel Sevilla.
Con el tiempo, y después de trabajar en varias compañías, logró formar la suya en México y construir un teatro en 1918 llamado: el Teatro “Esperanza Iris”, que actualmente es el Teatro de la Ciudad. Luego en 1922 fue declarada “Hija Predilecta de México”.
Su éxito fue tal, que en Brasil fue llamada “La Reina de la Opereta” y “Emperatriz de la Gracia”; además condecorada por el Rey Alfonso XIII de España.
Su última presentación teatral fue en la obra “La Viuda Alegre”. Pero no todo fue drama, también trabajó en las películas Noches de Gloria y Mater Nostra, que impuso marcas de recaudación. Además de organizar un coro en la penitenciaria de Lecumberri cuando su esposo Paco Sierra estuvo preso.
Finalmente, murió en la capital del país el 7 de Noviembre de 1962.
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